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sábado, 31 de diciembre de 2011

Capítulo 10


Al llegar a casa voy hacia mi padre corriendo abalanzándome encima de el, con capa y todo.
-          No estás muerta. – Bromea mi padre. – Ni herida, eres mejor de lo que pensaba.
Me besa en la mejilla y me siento en el sofá donde hasta ese momento mi padre estaba tumbado. Me quito la maldita capa y me suelto el moño dejando mi pelo caer por los hombros. No puedo soportar más sentirme aquella chica que ha quemado a un desconocido, necesito sentirme normal aunque sea solo por unos minutos.
-          ¿Qué tal? – Me pregunta mi padre.
-          Al principio muy asustada, pero luego al empezar a echar sofás y llamas a los otros me he sentido bastante mejor.  – Le sonrío.
-          Ha quemado al chico que le estaba cerrando el paso para ir a ver a los heridos. – Le informa la bocazas de mi madre desde la cocina.
Mi padre me mira con esa mirada perpleja y asombrada que tantas veces me pone. Yo asiento cabizbaja, no soporta la violencia.
-          Era el único modo de que me dejara en paz – Me justifico. – Me había echado un rayo de esos.
-          ¿Pero lo has matado?
-          ¡Por Dios no! Solo le he quemado un poco.
Me sonríe y me besa en la frente.
-          ¿Kate, vas a cenar? – Me pregunta mi madre.
-          No, estoy agotada, iré a mi cuarto.
-          De acuerdo,  mañana no vas a tener ningún asunto de hechicería ni nada, te lo has ganado. – Me dice mi madre.
-          ¿Y mañana podré quedar? –Pregunto exageradamente feliz, que es tal como me siento.
-          Claro que sí
Me despido de mis padres y entro en mi cuarto de paredes blancas y cojo mi móvil.  Son las nueve y media de la noche y tengo cinco llamadas perdidas de Beth. Cojo el teléfono fijo que hay en el pasillo y llamo a su móvil, ahora estará en Francia.
-          ¿Kate?
-          Hola, Beth.
-          ¿Por qué no me has cogido? – Me pregunta histérica.
-          Lo siento, tenía el móvil en silencio y no lo había notado.
-          Si, si.
-          ¿Qué pasa?
-          Nada, ¿Qué va a pasar? Solo quería hablar contigo.
-          Cinco llamadas perdidas…. – Le advierto.
-          Bueno, vale, me has pillado. Esque… ¡No te lo vas a creer!
-          ¿El qué? – Le pregunto con verdadera curiosidad.
-          Bueno, sabes que iba a estar una semana en Disenyland…
-          Si.
-          Pues no. Mi padre me ha dicho que vamos a estar tres días aquí y otros tres en… ¡Paris!
-          ¡¿Qué?! ¡Siempre ha sido tu sueño ir a Paris!
-          Y lo mejor es que ha invitado a un amigo suyo que tiene un hijo de nuestra edad. ¡Está buenísimo!
-          ¿Vas a estar toda la semana con él?
-          ¡Sí!
-          Me imagino que ahora mismo estarás encantada con tu padre.
-          Pues si… ¿Y te acuerdas que te enseñé los hoteles que estaban dentro del parque?- Como no, me tuvo secuestrada tres horas viéndolos.
-          ¡Pues me ha traído al de princesas!
-          ¡¿Qué?!
-          Lo que oyes. – Suena muy entusiasmada. –Es todo tan perfecto… La paredes rosas, la entrada como si fuera un castillo de princesas, jardín… Me encanta, no me esperaba esto Kate, es lo más bonito que ha hecho mi padre por mí.
-          ¿Y el chico está en ese hotel? – Le pregunto.
-          No, están en el hotel de los vaqueros que te dije, lo odia.
Me río.
-          ¿Ya os habéis hecho amigos?
-          Si, mañana vamos a ir al parque solos, porque nuestros padres quieren ir a no sé donde a jugar al golf.
-          Que romántico… Los dos en el parque, solos…
-          Lo sé, ¡Me encanta!
-          ¿Y su nombre?
-          Javier, pero me ha pedido que le llame Javi, ¡Nació en España!
-          ¿Y sabe hablar inglés?
-          Si, se vino a vivir a Inglaterra a los dos años. – Escucho su risa tonta. – Pero es que es tan…
Después de media hora hablando colgamos, mis padres me matarán al ver la factura del teléfono.
Ahora sí que estoy agotada, decido despojarme de mi ropa y ponerme una camiseta ancha que me tapa los muslos, estoy demasiado cansada para ponerme un pijama.

Me sumerjo en la cama, me tapo con la sabana y pienso en Jack, en cómo será lo de mañana, y lo más importante de todo, en si nos besaremos o no. Por una parte lo deseo con todas mis fuerzas pero por otra parte no lo quiero admitir. Hay muchas probabilidades de que no funcione y dejemos de ser amigos. Y eso es lo último que quiero que pase.

En un momento dado, siento como mi pulso comienza acelerarse y oigo las palpitaciones de mi corazón a cien por hora, miro a mi alrededor de mí para asegurarme que todo va bien, pero lo veo todo de un mismo color. Negro. El pánico se apodera de mí y comienzo a gritar.

Parece que el mundo ha desaparecido y se ha sumido en un silencio sepulcral. Solo oigo mi respiración. Aparezco en un lugar que me resulta familiar y extraño a la vez. Es una sala de paredes, techo y suelo de metal gris. Y reconozco el lugar, es un campo de batalla, donde se celebran las batallas de la luz. Entonces una puerta se abre y una joven sale tropezando de ella y cayendo de rodillas al suelo. No puedo ver su rostro, pero tiene el pelo ondulado. Parece abatida.
Entonces la chica levanta la cabeza y logro ver sus ojos verdes, hinchados y rojizos de tanto llorar. Siento un escalofrío. Soy yo. Creo que estoy teniendo una visión.
La yo de la visión está mirando hacia delante a algo o a alguien que no logro ver. Y entonces abre la boca sollozando:
-          ¿Por qué nos pasa esto?
Escuchando estas palabras me vuelvo a consumir en el negro agonizante de antes.
Abro los ojos,  me encuentro tirada en mi habitación con mis padres a un lado.
-          ¿Qué ha pasado?  - Pregunta mi padre.
-          Creo que he tenido una visión.

viernes, 25 de noviembre de 2011

Capítulo 9



Al llegar arriba nos encontramos con dos puertas diferentes a sí que,  Mike y su padre se van hacia la derecha y mi madre y yo abrimos la puerta de la izquierda. Al abrirlo, nos encontramos con más escaleras y una oscuridad que te hace sentir escalofríos. Veo a mi madre vacilar un momento, pero luego me mira y asiente con la cabeza. Empezamos a subir las escaleras,  es un pasillo estrecho y sin ninguna luz. Me parece una eternidad el tiempo en que subimos escaleras arriba. Como si no hubiera una salida al final del túnel.
Al fin encontramos otra puerta y al abrirla nos encontramos con un techo plano grande, una terraza, con sofás y plantas por todos los lados, pero lo más importante, es que los dos jóvenes están en apuros; a la chica, que parece la más joven, la están agarrando con un brazo el cuello levantándola unos centímetros del suelo. Está más que asustada. Y el chico, el mayor, está intentando soltar a su hermana sin éxito, hay dos que lo han inmovilizado y lo han tirado al suelo. La rabia me empieza a corroer.  Levanto mi brazo y un haz de luz azul le da  en el brazo al hombre encapuchado que a me quedaba más cerca.
“Kate, contrólate no queremos matarlos” me advierte mi madre mentalmente.
 “Ganas me dan” Le respondo.
“¿Y tú crees que ellos no tienen las mismas ganas?”
No me da tiempo a responder, un sofá cae del cielo hacia nosotras, pero conseguimos esquivarlo a tiempo.  Miro a mi alrededor para saber quién nos ha tirado el sofá y ahí está, en un extremo de la terraza sonriendo como si hubiera ganado un partido de fútbol.
 “¿Qué? ¿Un sofá? ¿Es lo mejor que puedes hacer?" Le provoco.
Enseguida se le borra la sonrisa y cierra los puños.
“No me provoques, que vas a salir perdiendo.”
Lo miro a los ojos, los tiene de un verde claro, demasiado perfectos que me resultan un tanto familiares. Intento que al chico le de mi rayo azul en el pecho y justamente, le da . La magnitud de la fuerza hace que el chico caiga hacia atrás. 
Después miro que tal se las está arreglando mi madre y la veo combatiendo contra dos, y descubro que me falta el último hombre que ha dejado al joven inocente en el suelo.
Lo veo, está al final de la terraza a punto de irse, creo que ha dejado a los chicos inconscientes, pero hago que un jarrón de porcelana le caiga en la cabeza y eso hace que se caiga al suelo haciendo añicos el jarrón. Vuelvo a mirar a mí alrededor  para asegurarme que nadie haya visto lo que he hecho, al descubrir que no, salgo corriendo hacia los dos jóvenes.
Primero atiendo al chico y lo pongo boca arriba y le abofeteo la cara en un intento de desesperación para que se despierte, todavía respira. Pero mis bofetones no sirven para nada.
Veo que a su lado, la hermana ha movido un poco los pies y me pongo a su lado cuando una fuerza con una luz cegadora me da en el pecho que hace me vaya hacia atrás, hasta el borde de la terraza, si no hubiera un muro, habría caído del segundo piso al suelo.
 Me arde el pecho y me cuesta respirar, tambaleándome me pongo de pie y veo al chico al que he atacado antes.
 “Cuidado, que no se te caiga la capucha, no vaya a tener que matarte” Me dice en un tono irónico.
“Tranquilo no creas que soy tan fácil de matar, sobre todo por bastardos como tú.” Le escupo.
El ríe divertido, pero su cara dice todo lo contrario. Chasqueo los dedos y una llamarada de fuego cae sobre él con mucha fuerza, al apagarse la llama en su pecho me echa un especie de rayo anaranjado sobre mí, y yo lo contraataco con el mismo rayo azul con el que le he atacado antes para que el rayo no me de.
 “¿Solo sabes echar rayos naranjas?” Le pregunto.
 “Esto solo ha empezado. No me provoques.” Me advierte
Noto como  la fuerza del rayo naranja va incrementando fuerza mientras  que el mío la está perdiendo, los dos rayos están peleando para ver quien le da a quien, si el mío pierde, ya me puedo despedir de poder salvar a los chicos. El viento nos da con fuerza y todo lo que está alrededor nuestro se mueve, menos la capa del desconocido, que no se mueve ni un centímetro, es como si la tuviera pegada con cola. Entonces como le veo tan concentrado en intentar darme, suelto una mano de las dos que estoy utilizando para que el rayo naranja no me dé y le lanzo otra llama de fuego, esta vez con más fuerza que la anterior, y a la cara.
Oigo como grita sin abrir la boca y se lleva las manos a la cara, momento en que yo aprovecho para ir hacia los dos hermanos otra vez, también veo que Mike, después de dejar K.O  a otro enemigo viene corriendo detrás de mí.
         - ¡Tú ocúpate del chico! – Le grito mientras corro.
         - ¡Buen golpe! – Me felicita. – Gracias a eso van a tener que irse. ¡Le has quemado la cara a ese chico! ¡Eres mejor de lo que creía!
El comentario hace que sonría, todavía no sé si he hecho bien en quemarle la cara, pero tendré que vivir con esa culpa. Al llegar, vemos que la chica intenta sentarse derecha y voy a ayudarla.
        - ¿Y mi hermano?  - Pregunta asustada.
        - Tranquila, estará bien, no te preocupes. – La tranquilizo con suavidad - ¿Me puedes contar que ha pasado?
Vacila un momento.
        - Acabas de quemarle la cara a un tío sin gas ni mechero. ¿Cómo sé que no me matarás?
        - Igual que sabes que acabo de quemar la cara a uno de los tíos que os han cogido. Cuéntame que ha pasado. 
        - Estábamos mis dos hermanos y mi abuela viendo la tele cuando…
En ese momento se oye un gruñido, y miro, es su hermano mayor, ha abierto los ojos.
        - Bueno sigue… ¿Cómo te llamas? - Le pregunta
        - Jess, me llamo Jess¿ Y mi abuela? – Pregunta mirando a todos los lados. – Estaba en el salón cuando la han tirado contra… ¡Ay Dios mío! ¿Está muerta?
Es como si de repente se le hubiera encendido una bombilla.
       - ¡Kate, Mike!  Viene la policía. Nos tenemos que ir.- Nos avisa mi madre.
Asiento con la cabeza y ayudo a levantar a Jess.
       - ¿Y tu cómo te llamas? – Me pregunta Jess.
       - Kate.
Me doy la vuelta para bajar y salir de casa, de todos modos, no debería haberle dicho mi nombre a Jess, pero Mike siempre se ocupa de que no se acuerden de nada borrándoles la memoria.
Todavía tenemos tiempo de marcharnos, esta casa lujosa está al pie de la montaña y hay un camino estrecho para poder acceder al chalet así que les costará un poco venir hacia aquí, pero eso no hace que no me haga una pregunta, pero la hago en voz alta:
       - ¿Y quién ha llamado a la policía?
       - No lo sé, pero no ha sido ninguno de nosotros y no veo ninguna casa alrededor de esta que pueda haber oído o ver alguna cosa rara de "demonios" – Me responde Mike, que acaba de terminar de borrar la memoria a la familia. – Yo que tú me preocuparía menos de la persona que ha llamado y más al hecho de que le hayas quemado la cara a un tío.
       - Y qué van a hacer? ¿Llamar a la policía y decir que lo vi por la calle y decidí quemarle la cara? ¡Por favor! Que no tienen quince años.
Mike se echa a reír y yo pongo los ojos en blanco, sé por qué ríe, pero a mí no me hace ninguna gracia el hecho de que yo tenga dieciséis años.
Bajamos por las escaleras ahora con la puerta del otro lado abierta y con un poco de luz abajo, nos encontramos a Elizabeth esperándonos  sentada en el suelo y al vernos, se incorpora poniéndose de pie.
       - Los dos están bien pero hay que hacerles olvidar – Empieza a explicar. – La anciana no tenía nada grave.
Entonces, Juan, el padre de Mike, mira a su hijo señalando al nieto y a la abuela con la cabeza indicándole que les borre la memoria. El asiente y se encamina hacia ellos.
Mientras esperamos mis pensamientos van al día de hoy, no os creáis que mi vida normal es así, porque no lo es, la mayor parte del día soy una chica normal, voy al insti, estoy con mis amigos, llego a casa, veo la tele, hago los deberes… Y igual tengo una clase “especial”. 
Una vez por semana o dos tenemos alguna reunión y a veces ni acudo. Pero hoy ha sido un día muy... movidito, que digamos.Uno: Reunión de la dichosa junta; dos: Jack me llama para quedar; tres: me toca mi primera vigilancia y, lo más importante. He salvado a una familia quemandole la cara a un enemigo. Creo que llegaré  a casa y me desplomaré en cualquier sitio donde me pueda tumbar. Estoy agotada. ¿Y qué hora es? ¿Las ocho de la tarde? Todavía sigue siendo sábado y mañana quiero quedar con Jack. Tengo unas ganas increíbles de verle, pero no entiendo por qué, o bueno, lo entiendo pero no lo quiero hacer, si, lo sé. Soy muy rara. Sabía desde hacía tiempo que lo que sentía por él era más profundo que lo que siento por un amigo, pero hasta el punto de que mi corazón empiece a palpitar tan fuerte solo por escuchar su voz.. no, eso no pensaba que fuera posible. Tendré que esperar a mañana para descubrir como sale lo que hay entre nosotros. Que impaciencia.
      - Kate… - La voz de mi madre me saca de mis pensamientos. - ¿Has oído lo que he dicho?
      - Mmm… no, lo siento. – Me disculpo con una sonrisa. - ¿Podrías repetirlo?
      - Que nos tenemos que ir lo antes posible.
Pues vaya explicación que me he perdido, eso ya lo sabía antes de que nadie me dijera nada
      - Sí, claro – Respondo.
Esperamos a que Mike termine su tarea y nos marchamos a lo alto de la montaña dejando atrás al chalet de Jess y al chico de los ojos verdes.

viernes, 11 de noviembre de 2011

Capítulo 8


Las palabras de mi madre me han dado que pensar. En nuestro clan siempre se ha hablado del destino, y aunque a mí no me haya agradado mucho, nunca le he dado mucha importancia a eso. Pero después de la charla con Cassandra, la madrasta de Mike, no me hace mucha gracia que mi madre y los altos cargos  puedan leer mi destino y lo controlen. Porque si mi destino está escrito, quiere decir que ponía que hoy tengo que ir a la vigilancia por algún motivo. ¿Igual será que no quieren que quede con Jack? No, no puede ser eso. Pero eso quiere decir que no podré enamoraré del chico que quiero, sino que el destino elegirá de quien enamorarme. Mal rollo. No me gusta pensar que mi destino dependa de un viejo de setecientos años. Yo quiero pensar por mí misma, pero bueno ahora tengo que concentrarme en lo que me depara esta noche de hoy, que aunque mi destino esté escrito no quiere decir que no lo pueda pasar bien viendo fracasar a las “personas” del otro clan. Aunque no pueda verles la cara, puedo hablar con ellos mentalmente y eso me divierte.
 Sé que antes he dicho que este tema de la hechicería no me gusta y que quiero estar lo más lejos posible del tema pero ¿Ver fracasar a mis queridos amigos que tienen a las mujeres como máquinas de hacer hijos? Aunque me duela mucho admitirlo, los mataría con mis propias manos antes que matarlos en una batalla limpia y justa y solo, por una única razón: 
Los contrincantes antes de tener esa batalla tienen que convivir una semana en una casa o mansión. ¿Y eso para qué sirve? Para conocer más a la persona y que tengas más ganas de matarlos. Sé que me contradigo mucho, pero siempre me ha pasado, a veces mi rabia me pide que los mate pero en realidad soy demasiado inocente como para matar a alguien por mucho que lo odie. Ahora tengo que concentrarme e ir abajo con mi madre.


 Esto es impresionante, son las seis de la tarde y estoy viendo el atardecer. Me encanta ver el cielo a distintas horas, cuando las nubes están rosadas y el horizonte está anaranjado. Es lo que estamos viendo mi madre,otras cuatro persona  que son Mike, su padre y otros dos que parece ser que no conozco y yo. Estoy sentada en una especie de valle, a mi madre se le ha olvidado comunicarme que la casa a dónde íbamos a venir estaba al pie de la montaña. 
Estoy sentada con mi capa puesta y con la cara ocultada. Me siento un poco ridícula. Oigo como alguien se está acercando a mí y se sienta a mi lado.
-          ¿Por lo que he oído por ahí. – Por la voz sé que es Mike. – Hoy tenías una cita.
-          Pues sí, pero hemos quedado para otro día.
El sonríe.
-          A si que quieres un poco de magreo ¿No?
-          ¿Por qué dices eso? – Le pregunto sobresaltada.
El se vuelve a reír.
-          Está claro ¿Por qué si no ibas a quedar con él?
-          No todos somos como tu Mike.
-          Uy, eso ha dolido. –Pone una mano en el corazón. - Justo  me has dado en el corazón.
Le sonrío, no sé cómo pero aún estando alegre siempre me hace sentir aún más feliz.
-          ¡Kate, Mike! – Es el padre de Mike - ¡Venid!
Nos miramos el uno al otro, nos levantamos y vamos corriendo al lugar donde están los demás. Al llegar, lo único que veo es la cara alarmada de mi madre, giro la cabeza a donde ella mira. ¿Y que oigo?  Gritos. Gritos que provienen de la casa que estábamos protegiendo.
-          ¿Qué ha pasado? – Pregunta Mike.
En ese momento es su padre quien responde:
-          No lo sabemos, no sé cómo pero no les hemos visto.
-          ¿Y a qué esperamos? – Pregunto yo impaciente y cabreada.
Mi madre asiente con la cabeza mirando a Juan, el padre de Mike.
-          Juan, Elisabeth  y yo vamos por delante y vosotros tres vais por detrás– indica mi madre – no dejéis que os vean la cara ni que os oigan, si no, ya lo sabéis ¿Entendido?
Los tres asentimos con la cabeza.
Llega el momento, los tres mayores se dirigen a la casa colina abajo y nosotros esperamos a que entren para empezar a correr.
 Entramos a casa y me quedo paralizada, el salón está destrozado; los muebles hechos añicos y por los suelos. Al lado del sofá hay una mujer ya entrada en años sangrando por la cabeza y a su lado un niño de unos diez años llorando. Pero no hay rastro de los otros. Mi madre se acerca al niño y se arrodilla a un lado
-          No te preocupes no te vamos a hacer nada.-Menuda consolación debe ser esa - ¿Cuántos sois en la familia?
Al principio, al niño se le ve vacilar, pero luego se le acerca a mi madre y se lo dice al oído.
-          ¿Y a donde han ido? – Sigue preguntando.
El niño le vuelve a responder a la oreja, entonces mi madre se levanta y se dirige hacia nosotros
-          Son tres niños, de diez, quince y dieciséis años, viven con su abuela. Los han llevado a la especie de terraza que tienen arriba. Elisabeth, quédate con la anciana. – ordena mi madre – Los otros, nos vamos arriba.
Oímos un grito desesperado que nos deja el corazón a una vela y nos encaminamos escaleras arriba.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Capítulo 7

Después de comer, mis padres se han dormido delante de la televisión y decido a llamar a Beth antes de tener que irme. Subo las escaleras, intentando hacer el menor ruido posible y me tumbo en la cama mientras enciendo el portátil y marco el número de Bethany en el teléfono. No pasan ni dos segundos antes de que coja.
- ¿Sí?
- Bethany. – Le digo con un tono alegre, demasiado alegre.
- Uy… ¿Qué ha pasado?
 - Nada… ¿Por qué?
- ¡Kate! ¡No me seas estúpida! Cuéntamelo YA.
- Bueno vale… Pues… Después de venir de casa de mis tías mi padre me ha dicho que me ha llamado alguien. ¿Y quién era?
- ¿Quién?
 - ¡Jack!
 - ¡No puede ser! ¿Qué dices? ¿Y qué quería?
- Ir al cine conmigo.
- No me lo creo
- ¡Que si!
- ¿Hoy?
 - No… Hemos quedado en que me llamará.
- Que romántico… Pero, ¿No se supone que erais amigos?
- Ya… Y lo somos. – Le miento a mi amiga.
- Capulla… No me líes.
 - Vale… Pues que no sé si…
- No Kate, no. Tú sabes que te gusta, pero no lo aceptas. Y por cierto que te tengo que colgar que son las cuatro y mi padre me viene a buscar.
- Venga vale, pásatelo bien en… Disneyland.
 - Dios, no me lo recuerdes, no sé ni cómo acepte en ir. ¡Tengo dieciséis años! ¿Qué pensara la gente de mí?
 - Deja a la gente en paz, sabes que tu padre quiere recuperarte. Todavía no me puedo creer que no vaya a verte en toda la semana y que no pueda despedirme de ti en condiciones.
 -   Ya… la verdad es que no sé como sobrevivirás sin mí.
 - Tampoco te lo creas tanto, que tengo a Bennie y a Laurie, a Jack y a las demás.
- ¿A sí que ya me has sustituido?
 - ¡No! – Le sigo la gracia. – Tú eres insustituible.
 - No como tú.
 - ¡Oye! ¡Beth, ni en bromas eh!
 Se oye como suelta una de sus carcajadas.
 - Sabes que te lo digo con amor. En serio Kate, eres mi mejor amiga, y no sé si habría sobrevivido sin ti.
- Bien, soy sustituible pero soy tu mejor amiga… ¿Pero qué clase de persona eres?
- Una mejor que tú. – Me dice entre más risas. – Bueno Adiós.
- Adiós, te quiero.
- Yo no. –Me dice ella.
 Al colgar, me siento extraña, una semana sin ella, no sé como lo haré, menos mal que tengo a estas y a Jack… pero no será lo mismo… Aunque siempre me sienta mal que no pueda contarle mi secreto a Beth. Pero es lo mejor para ella. Y para mí. Salseo un poco por Internet y me descargo unas canciones, las cargo en el Ipod y me pongo los cascos para escuchar música hasta que me duermo.


Alguien toca la puerta de mi habitación y me doy cuenta de que son las cinco y media de la tarde y de que mi Ipod sigue reproduciendo música.
-      ¿Sí? –Pregunto somnolienta.
-     Kate. ¿Te has dormido? – Mi madre entra a mi cuarto y se sienta junto a mí. – Tenemos que irnos ya.
-     Si, lo siento, no me he dado cuenta.
Mi madre sonríe.
-                 Me acuerdo cuando a mi me convocaron para la primera vigilancia, no pude comer nada, y me moría de los nervios, pero es bueno saber que mi hija no sufre tanto como yo…
Ay Dios mío. Me he quedado de piedra al acordarme. Hoy tengo mi primera vigilancia. ¡Y ni siquiera sé que hacer!
-   Y… ¿Algún consejo de lo que tengo que hacer?
Me mira y saca una capa marrón con capucha de una caja que ha traído pero que al parecer no me he dado cuenta.
-    Toma. Esto te lo tienes que poner cuando lleguemos a esa casa y este oscureciendo. Recuerda que el otro no puede ver tu rostro ni escuchar tu voz, si no tendrás que batallar con él
-     ¿Solo tengo que preocuparme de eso, y vigilar?
-       Solo eso, y si tienes algún problema, recuerda que te ganan en lucha cuerpo a cuerpo, usa tu cabeza.
Asiento con la cabeza. No sé como hare eso de “usar la cabeza” porque cuando me encuentre con esos destroza hogares lo único de lo que no me voy a preocupar va a ser de si se me ve la cara o no. Al coger la capa descubro que huele a antiguo y a… rosas, como si hubiera estado guardado años esperando a que el dueño lo recibiera, pero en un estado impecable.
-       ¿Y no podía ser una capa negra? – Le pregunto a mi madre mientras me lo pruebo,se me ajusta a mi medida, me pongo la capucha escondiéndome el pelo con tal de que solo se me ven los labios y mis mejillas sonrojadas. – No sé, un color que no se vea a la noche.
Mi madre se ríe se pone a mi lado y nos miramos al espejo. Somos casi de la misma altura y siento que me sonríe muy orgullosa ya que su hija va  a hacer su primera vigilancia.
-       Esta capa. – Empieza a explicar – es más vieja que tú o yo. Nuestros familiares siempre han tenido un lugar importante es esta vida y esta capa ha estado esperando cientos de años para que te la pusieras. Porque tú vas a ser alguien importante, vas a ser una persona importante para la historia de este clan, cariño, ese es tú destino, y el destino te ha buscado este futuro.
Para mi asombro, después de ese discurso me abraza susurrando:
-    Estoy muy orgullosa de ti.
Cuando deja de abrazarme me dice que ya es hora de irse y que me arregle y baje.

viernes, 26 de agosto de 2011

Capítulo 6


Vuelvo a marcar el número de teléfono de Jack.
- ¿Sí?
- ¿Jack?
- Kate, ¿Qué pasa? ¿No puedes quedar? – Me pregunta.
- No. ¿Cómo lo sabías?
- No lo sabía, pero si no, ¿por qué me habrías llamado diez minutos después de colgar?
- Ya… Tienes razón–.Me rio.-Pero tenía muchas ganas de que quedásemos.
- Yo también, encima que había cogido el valor de preguntártelo…
Esta vez, los dos nos reímos.
- ¿Mañana quedaremos, no? Es que viene mi abuela y me tengo que quedar en casa…
- Quiero tener esa cita contigo–.Me confiesa.- Y no te preocupes por lo de tus padres a mí también me hacen esas cosas
“Cita”, no lo había visto así, era algo así como salir con Jack, pero no tener una cita. Cita, cita, cita… Qué bien suena eso, sonrío para mis adentros.
- ¿Te llamo mañana?–Me pregunta.– Ya sabes, por si todavía no te has vuelto atrás.
Me río.
- Tranquilo, que no lo haré.
- Eso espero. Adiós.
- Adiós. Un beso.
Al colgar me doy cuenta que la conversación con Jack me ha sacado una sonrisa de oreja a oreja. Al verme reflejada en el espejo también noto que mis mejillas han subido del tono color carne a un tono rojo ruborizado. No entiendo por qué, Jack siempre ha sido un amigo, bueno siempre tampoco, empezamos a ser amigos de verdad hace un año, ya que se fue del colegio y luego volvió a entrar, entonces fue cuando las chicas decidieron ir tras el ya que era el chico más guapo de todo el insti. Pero él desde el primer día estuvo con nosotras y con Erik. Hoy en día sigue teniendo a muchas chicas detrás, pero ya no tanto.
- ¡Kate, a comer! – Me grita mi madre desde abajo.
- ¡Voy!
Me quito el vestido, el moño y la pulsera y los reemplazo por una camiseta larga y unas mallas. Bajo las escaleras y dejo el teléfono en su sitio cuando captó el olor de la comida, huele a…
- ¡Lasaña!– Grito
- ¡Si, y ven antes de que tu padre se lo coma todo!
Voy hacia la derecha y me siento en mi silla.
- ¿Ya has llamado a tu chico?–.Me pregunta papá maliciosamente y sonríe al ver que lo hago yo–.Me parece que sí
- Sí, pero no hay problemas, mañana quedaremos.
- ¿Y qué excusa le has puesto? – Me pregunta mi madre sin haber probado un bocado-.¿Tenías que estudiar? ¿Tu hermano venía de visita.
- No. Mi abuela viene a casa y mis padres me obligan a quedarme en casa.
- Que malos somos tus padres ¿Eh? – Mi padre se está tronchando de risa - ¿Es que no se te ha ocurrido nada mejor?
- ¡Papa! ¡No me funcionaba el seso en esos momentos! ¿Sabes?
- Cariño, déjalo – Le reprocha su mujer – Está claro que no tiene tu espíritu imaginativo.
- ¡No os burléis de mí!
Los dos ponen cara de no saber de qué hablo.
- ¿De qué hablas? ¿Nosotros, burlarnos de ti? ¿De nuestra hija maravillosa, perfecta, e inteligente? ¡Imposible!
- John, te falta una cosa.
- ¿El qué, María?
- Que nuestra hija es una excelente hechicera.
- Mm… - Mi padre se queda pensativo. – En eso no creo que sea tan perfecta….

domingo, 14 de agosto de 2011

Capítulo Cinco

Después de unos minutos de discusión sobre los cambios que hay que hacer, que lo admito, sin ninguna novedad, nos vamos a casa. Al llegar, vemos a mi padre tirado en el sofá.
– Hola papá–. Voy a darle un beso en la mejilla–. ¿Me ha llamado alguien?
– Si, te ha llamado un tal Jack.
¿Jack? ¿Qué querrá? Son la una del mediodía. Sonrío.
– A qué hora a llamado?
– Hace no mucho.
– Vale.
Cojo el teléfono que está al lado de mi padre y subo a mi cuarto mientras tecleo su número, me lo sé de memoria. Ya ha empezado a sonar y me tumbo en la cama. Coge alguien.
–¿Diga?
–¿Jack?
–¿Sí?
– Soy Kate.
– Ah, hola.
No sé por qué, pero mi corazón ha empezado a palpitar a cien por hora.
–¿Me…. Has llamado?–. Le pregunto.
– Si.
–¿Para qué?
– Bah, ya da igual, era para preguntarte una cosa de Mates.
– Ah- Eso me ha decepcionado un poco, creo me había ilusionado demasiado-. ¿Entonces no te hago falta?
Oigo como se ríe por el otro lado.
– Por ahora no, pero ¿Dónde estabas?
– He estado con la familia, ya sabes, que luego te reprochan que no vas a visitarles y…
–Si, a mí también me suelen pasar esas cosas.
Me río lo bastante fuerte para que lo oiga, aunque detesto mentirle por mucho que sea por el bien de la humanidad
–Kate… ¿Puedo confesarte algo?
–Claro.
Mi corazón comienza a latir como una montaña rusa otra vez
–En realidad no te he llamado para preguntarte algo de clase. ¡Pero si es sábado! Lo que quería era preguntarte si querías venir al cine o algo así.
–Mm… ¿Con quién?
–Conmigo. Pero como sabía que ibas a decir que no, me he echado para atrás.
–¡No! Digo… que si quiero ir contigo.
–¿De verdad?
–Sí.
–Pues… Voy a buscarte para las siete para ir al cine y después de la peli ¿Cenamos algo?
–Vale –, Ahora mismo tengo una sonrisa de oreja a oreja. –. La película la eliges tú.
–No, por favor ¿Y ahora como voy a saber lo que te gusta?
Los dos nos echamos a reír, sabemos que soy una “cursie” del romanticismo.
–¿A las siete entonces? – Me pregunta.
– A las siete.
– Vale.
– Bueno, te tengo que dejar.–. Le digo. – Hasta las siete.
– Si, hasta las siete. Adiós.
Cuelgo, me he dado cuenta de que mientras estaba hablando con Jack se me han sonrojado las mejillas. Demasiado. Después de unos segundos decido ir abajo a dejar el teléfono.Pero al bajar veo que mis padres están sentados en el sofá, y me miran sonrientes, bueno, solo mi madre. Mal asunto.
–¿Qué pasa? – Pregunto.
– Hoy vas a ir a tu primera vigilancia. – Me responde mi madre.
¿Qué? Esto no puede ser. ¿Tan gafe soy?
–¿Hoy? – Respondo mientras se me cae el alma a los pies. ¿Y Jack? - Espero que tengamos que ir ahora.
Mi madre se echa a reír. Y mira a su marido.
– Ves, cariño. ¿Cómo te he dicho que tendría muchas ganas de ir? – Le reprocha mi madre a mi padre.
– María, lo que pasa es que el chico misterioso le ha pedido salir, y creo que iban a salir hoy a la tarde.
Trago saliva. A veces dudo de si de verdad bloqueo mi mente.
– Pues si has hecho algún plan tendrás que cancelarlo.
–¿Por qué? – Se que no puedo buscar una salida de esta situación, para mi madre lo primero es la “familia” antes que la diversión.
– Pues porque el otro clan ha decidido ir a buscar a más gente para tenerlos dentro de su clan y van a cogerlos prestados a una casa.
–¿Y por qué tengo que ir yo?
– Porque soy tu madre y lo digo yo.
–¿A qué hora?
– Kate. No sabemos cuándo vendrán pero para las seis ya tendremos que estar ahí. Irán al final de la noche cuando ya esté oscureciendo.
Vuelvo a coger el teléfono y subo arriba a mi cuarto.
–¿Adónde vas?
–¿Tú qué crees? Mi madre dice que no puedo quedar con Jack. Y yo obedezco a mi madre – Espero que haya captado que era una ironía con bastante rabia.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Capítulo Cuatro

Y con estas palabras, se va a su mesa.
Yo no sabía que Cassandra fuera tan… idealista. Miro alrededor y veo la mesa de Erik y su madre a unos pasos de mí. Por desgracia, Erik me ha visto, me saluda con la mano y me sonríe. Suspiro con fuerza y voy con pasos decididos a su mesa mientras fuerzo una sonrisa y me siento. Las mesas tienen un mantel blanco y una vela en cada una de ellas, cosa que no entiendo, ya que parece un restaurante, sin comida. Pero habrá que dejarlo pasar.
–Hola, Kate –me saluda Erik–. Cuánto tiempo... ¿Qué tal estás?
Abro la boca para  responder, pero antes se oye una voz por los altavoces:
–Buenos días a todos.
Ni la mitad de las personas se han callado.
–Escuchad, por favor.
Creo que es la voz de Anna, la quinta.
Siguen hablando, Anna hace otro intento de que la escuchen, pero en vano.
–¡Hey!
Esa ha sido Annie, que se ha levantado de su mesa, donde yo debería estar.
–¿Es que estamos en la escuela? ¿En serio?
Annie tiene unos años más que yo, es muy madura y muy impulsiva, como se ha visto.
–Gracias Annie –dice el altavoz.
Annie sonríe y se vuelve a sentar.
–Bueno, como antes os he dicho, escuchad atentamente. Hoy va a hablar María, ya que la señora Mc Arthur no ha podido venir.
María. Esa es mi madre. Y la señora McArthur es la primera hechicera de toda la historia. Habrá ido a otra reunión en Francia o América.
–Nos han informado de que se ha quebrado nuestra seguridad –esa es mi madre, directa al grano, sin saludar–. Al parecer han metido espías del otro clan en el nuestro y han informado de cómo encontrarnos. Por lo tanto, a partir de ahora nada de vestidos negros ni camisas azules.
Eso hace que surjan unos murmullos, y noto el peso de la mirada de Erik en mi en todo momento.
–Ya sé que es muy…  grande lo que se pide, pero no sabemos lo que están tramando y no nos vamos a arriesgar. Vamos a cambiar los lugares de reunión. Ahora mismo la número Uno y el número Tres están al otro lado del mundo diciendo lo mismo que yo en otras dos reuniones.
Un silencio DEMASIADO PROLONGADO. Alguien se levanta, un hombre, no lo conozco.
–¿A quién se le ocurrió decir que nos teníamos que vestir igual?
Murmullos de aceptación, a mí también me pareció una chorrada en su momento.
–Señor –le contesta mi madre–, era la única manera que teníamos de reconocernos cincuenta personas… ¿Acaso usted se acordaría de todas las caras de las personas que estamos aquí y las reconocería?
Otra mujer se levanta, creo que es la madre de Annie.
–¿Se sabe quiénes son los infiltrados?
–Cuando lo sepamos os informaremos, no os preocupéis–. Mi madre sigue tranquila.
Un joven de unos veinte años se levanta y habla:
–¿No tenemos a dos exiliados aquí?
Todas las miradas se desvían hacia nuestra mesa. La rabia me empieza a corroer ¿Y qué si son exiliados? No es su culpa.
–Sí, son exiliados, y antes eran tres... así que no creo que ganen nada vendiéndonos.
Entonces decido entrar en acción.
–Esto, por mucho que lo sienta, no tiene ningún sentido. Porque si en las últimas reuniones había infiltrados, ¿cómo sabemos que hoy no los hay? ¿Y si siguen aquí para informarse sobre las siguientes reuniones? Aparte de librarnos de vestir uniformados no ganamos nada. Y a ti – señalo al joven -, ¿te conozco? Igual eres tú el infiltrado. Propongo que cuando estemos en casa, hagamos una cadena: informaremos a los conocidos de cómo nos distinguiremos y a dónde iremos. Porque lo único que hacemos ahora mismo es sospechar. Y eso es lo que quieren los del otro clan.
Espero unos segundos de total silencio y me siento. Erik y su madre se levantan y empiezan a aplaudir. Y después les siguen todos los demás.

martes, 19 de julio de 2011

Capítulo Tres

En este momento alguien toca la puerta de mi habitación. Por la suavidad del toque sé que es mi madre.
–Cariño, tenemos que ir a la reunión de la Junta, vístete –dice mi madre al otro lado de la puerta.

Oigo que sus pasos suenan ya lejanos y me levanto para abrir la puerta de mi vestidor. Cojo el vestido negro de siempre. Escote triangular y la cintura ceñida. Por debajo de la cintura coge volumen. Luego, unos zapatos cerrados rojos con tacón y un abrigo rojo. No es que me guste vestirme así, pero son las normas. Tenemos que llevar vestido negro y zapatos rojos. El abrigo da lo mismo, pero yo prefiero que conjunte con los zapatos. Los hombres tienen que ir con camisa azul y zapatos y pantalones negros.

Después de vestirme, me pongo la pulsera con un colgante en forma de corazón que me regaló mi abuela, la madre de mi padre. Me hago una trenza y luego la ato en un moño. Me pongo un poco de brillo en los labios y salgo al comedor. Veo que mi madre ya está preparada, pero mi padre está tumbado en el sofá del salón con el televisor encendido emitiendo un partido de futbol, y roncando.
–¿Papá no viene? –le pregunto a mi madre.
Está mal visto que el marido o la mujer de uno de los siete no vaya a la reunión.
–No, esta vez no. Tiene un poco de fiebre y no quiero que se ponga peor.
Asiento con la cabeza y luego me encojo de hombros. En realidad me alegro por mi padre, ni a él ni a mí nos gustan esas reuniones.
–Venga, vámonos ya, o llegaremos tarde.
Miro el reloj, son las doce de la mañana y es un sábado soleado de primavera. Algo no muy común en Londres. Normalmente las reuniones son de noche o en días de lluvia, para que nadie vea a un puñado de personas vestidas igual, y no infundir sospechas.
–¿Qué es lo que ha pasado? –le pregunto–. Esto no es normal.
Mi madre niega con la cabeza, y yo la miro. Lleva un vestido negro por debajo de las rodillas, unos zapatos rojos, sin tacón, y un abrigo rojo. Lleva un moño bien sujeto y unos pendientes que potencian el brillo de sus ojos verdes. La verdad es que mi madre es bellísima. Y mi padre también es muy atractivo.
–Debe de ser urgente –me responde mi madre–. La reunión es en el sur de África.
–Puf! –resoplo.
–¡Kate! –me regaña mi madre mientras salimos al patio trasero.
–¿Qué? –me hago la inocente.
–Te he dicho mil veces que, por lo menos delante de mí, no digas o hagas nada que vaya contra mi trabajo.
–Lo siento.
Mi madre sonríe y me ofrece la mano para que yo le dé la mía. Lo hago.
–Yo no sé dónde está el lugar, así que no hago nada, ¿no?
–Tú cierra los ojos y canaliza tu energía.
Hago lo que me pide, dejo la mente en blanco y siento cómo mi madre ya ha empezado a viajar. Las reuniones siempre son en distintos lugares por motivos de seguridad y por eso usamos la magia al viajar. No volamos, solo pensamos en el lugar y nos transportamos, pero necesitas mucha capacidad mental para eso. Siento cómo el viento me roza la cara y los cabellos que se han quedado fuera del moño me rozan la piel y me hacen cosquillas. Al momento siento un calor abrasador y me doy cuenta: estamos en África. Mi  madre me suelta la mano y abro los ojos para mirarla. Ella mira al frente con una gran sonrisa.
–Hacía mucho que no venía aquí.
Miro en la misma dirección que ella. ¿Y qué es lo que veo? Una mansión enorme con mucha gente llegando de todas las partes del mundo. Pero la mansión está en tierra de nadie: no hay nada alrededor.
–¿Conque lugares secretos, eh? –le digo a mi madre.
–Pensaba que no lo volveríamos a usar, por lo menos tiene mil años. Y sí, era muy discreto en sus tiempos –me contesta.
Sonrío y maldigo a la vez que miro al suelo.
–¿Y ahora qué, Kate? –mi madre me mira, seria.
–¿No podrías haberme avisado de que el lugar estaría en mitad de la nada, repleto de arena? ¡Andar aquí con tacones es muy incómodo!
María se ríe. Miro alrededor, y es verdad, a la izquierda se ve el desierto y a la derecha… lo mismo. Me quito los tacones y empezamos a caminar hacia la mansión. Luego me quito el abrigo, que no se me había ocurrido quitarme antes, a pesar del calor que hace. Llegamos a la puerta que flanquean dos hombres que van colgando los abrigos. Uno de ellos es Mike. Sonrío al verle.
–¡Mike! –le saludo con la mano.
Él también me sonríe y saluda con la cabeza intentando no saltarse las reglas, mientras cuelga los dos abrigos. Mi madre me hace señas indicando que me espera dentro y que no llegue tarde.
–¿Te ha tocado hacer de perchero? –le pregunto mientras me abraza después colgar los abrigos.
–No. Mi padre me ha castigado.
Su padre es otro de los siete. Muy responsable y amable. Su hijo, en cambio, no es nada responsable.
–¿Qué has hecho ahora?
–Provoqué un cortocircuito en el examen final –lo dice mientras sonríe y se encoge de hombros.
Mike va a la universidad, tiene 18 años, pelo oscuro y ojos color avellana. Es bastante moreno y, sobre todo, muy guapo y gracioso.
–¿Y le dará igual a tu padre que al hijo del número cuatro lo vean colgando abrigos? –le sonrío picarona y él se ríe.
–Sabes que a mi padre eso le da igual, luego me humillará y todo arreglado.
Mientras él va colgando los abrigos de los que van llegando, seguimos hablando. Hablar con Mike es de lo más entretenido, porque te puede hablar de cualquier cosa sin que te sientas incómoda. No hay silencios incómodos y siempre te hace reír. En un momento se me queda mirando, cómo no, sonriendo.
–¿Qué?
–No sé cómo nunca me he dado cuenta de lo guapa que eres.
Le doy un puñetazo en el hombro.
–No seas bobo.
–¿Qué? ¡Es verdad! Cualquier chico se daría cuenta...
–Mike… –le  advierto, seria.
–¿Qué?
–Me estás asustando –los dos sabemos que estamos de broma. Pone cara de enfado pero luego se echa a reír.
–¿No puedo comportarme como cualquier otro chico delante de ti o qué?
En ese momento mi madre saca la cabeza por la puerta.
–Vamos, Kate.
Abrazo a Mike y entro.


Al entrar me quedo maravillada: es un lugar inmenso. En el centro de la mansión hay mesas y sillas para que nos sentemos como en un restaurante. Miro hacia el piso de arriba y ahí también hay mesas. Será algún lugar para gente importante. Está repleto de personas con vestidos negros y camisas azules. Me encamino al centro y me encuentro con la mujer del padre de Mike, Cassandra, que me sonríe. Es una mujer de treinta y pico años, rubia, y muy madura para su edad, la madrastra de Mike.
–¿Adónde te crees que vas? –me pregunta.
–A sentarme
–¿Dónde?
–Hacia el centro. ¿Por qué lo preguntas?
–Me han dicho que tienes que ir arriba –me dice mientras me coge del brazo–. Te han puesto en la mesa con Erik y su madre.
Se me cae el alma al oír el nombre de Erik. Tiene la misma edad que yo y tampoco ha competido en La Luz. Pero él nunca lo hará, porque se exilió en nuestro clan huyendo del otro, y su madre dice que sería muy duro para él que se viera obligado a matar a alguno de sus antiguos amigos. Pero ellos sí quieren ver muerta a esa familia. Ya consiguieron matar a su padre. Erik aún es algo machista. Lo sé porque lo viví. Tenía  un año menos, era nuevo. Cuando me lo presentaron vi a un joven con un pelo rubio rebelde que le caía por la frente, los ojos de un azul hipnotizante, una mirada muy tímida y tierna, una sonrisa bonita y un cuerpo bastante bien formado. No es de esos de los que dices que están buenos y luego resultan tener un cerebro de pez. Erik estaba bueno y encima era muy inteligente.
Salimos durante unos días hasta que un día en que íbamos paseando cogidos de la mano me telefoneó mi madre: tenía clase de magia. Y entonces fue cuando se enfadó. No quería que me fuera y empezó a desvariar: que si las chicas lo único que  tenían que hacer era cocinar y tener hijos, y que ya que él era mi novio tenía que obedecerlo. Lo que consiguió fue una bofetada en toda la cara.
Unos días después me pidió perdón y me dijo que cambiaría, y lo hizo, pero desde entonces no le he vuelto a dirigir la palabra.
–¿Por qué arriba? –le pregunto a Cassandra mientras subimos por la escalera–. Mis amigos no están ahí.
–Jovencita, el mundo no gira solo en torno a los amigos. ¿Crees que en esta vida no tendrás que relacionarte también con gente que no te cae bien?
Abro la boca para contestar, pero ella se me adelanta:
–Era una pregunta retórica. Todavía tienes que aprender muchas cosas.
–¿Como qué? ¿Saber cuándo las preguntas son retóricas aunque no lo parezcan? –le pregunto con ironía.
Ella sonríe, pero niega con la cabeza.
–Recuerda que el destino de cada una de estas personas está escrito, al igual que el tuyo, y que los altos cargos lo pueden leer –me mira con seriedad–. Sé que soy muy joven, pero te advierto que todo lo que se hace aquí tiene un motivo, y el hecho de que tú te tengas que sentar con ellos tiene alguna razón. Aquí todo se controla. Y recuerda preguntarte por qué te sientan ahí y el lugar de pensar en por qué no estás con tus amigas.
Me quedo muda. Yo ya sé que mi destino está escrito, está en manos de unos viejos, pero sé que se puede cambiar.
–El destino se puede cambiar –murmuro.
–No si los que lo controlan no quieren que sea así. Lo sé, tienes razón, el sistema es una mierda. Fíjate que a veces me pregunto si yo realmente me enamoré de mi marido o simplemente hicieron que me enamorara.

jueves, 16 de junio de 2011

Capítulo Dos

Aparte de Bethany tengo más amigos, como Bennie, Laurie, Daniel, Jack...

Se podría decir que Jack es un chico misterioso. Con ocho años yo solo sabía cerrar mi mente a personas ajenas, pero como no podía controlarlo bien, intenté meterme en la de Jack… y no pude. No lo he vuelto a intentar.

Ya le he preguntado a mi madre el porqué, y ella me ha respondido dándome dos posibilidades: o que él sea una de las personas de la faz de la tierra con una inteligencia superior a la de los demás, o que yo solo tenía ocho años, y no tengo por qué ser perfecta. Ya que parece ser que sí, que Jack es inteligente, va a las mismas clases que yo, obligado también.

Luego está Daniel, mi gran amor platónico de los catorce, rubio, ojos verdes, jugador de hockey, cachas... Bastante inteligente y… me dirigía la palabra. Cuando le conté a Bethany que me gustaba, ella me consiguió una cita. Mi primer beso fue con él. Duramos meses, pero decidimos que lo nuestro no iba a ningún lado y cortamos. Ahora es uno de mis mejores amigos... y es gay. Está saliendo con un antiguo alumno de intercambio de New York, que se quedó a vivir aquí cuando cumplió la mayoría de edad. Y no os equivoquéis, cuando estábamos juntos él aún no sabía que era gay, lo sé porque le leí la mente. Sé que estuvo mal, pero estaba muy preocupada y seguro que vosotras hubierais hecho lo mismo si hubierais podido.

Para terminar, están Laurie y Bonnie, mejores amigas inseparables de esas que se dicen a todas horas “for ever”. Las dos tienen novio y se maquillan de la misma forma... Ya os lo imagináis. Pero son muy divertidas y muy buenas amigas.

Tengo más amigos, no os creáis, pero no os quiero aburrir. Los que os he descrito son los de verdad.

Viendo lo que he escrito hasta ahora da la impresión de que parezco más alegre de lo que estoy en realidad, porque la verdad es que no soy nada feliz. Odio a la gente que quiere sentirse especial, porque serlo no es nada guay, es todo lo contrario. Cuando mi padre me oye decir todas esas cosas mi madre intenta suavizarlo diciéndole: “Son las hormonas, cariño”, “Es adolescente, ya cambiará de idea”, “Recuerda que tú eras igual”. Pero sé que yo no voy a cambiar de opinión. Porque saber cuál es tu destino no es nada chulo. Porque mi destino es morir o matar, no tengo otra. Y a los dieciocho tengo que elegir si quiero ser inmortal o morir de forma natural. ¿Te puedes creer que una chica de dieciocho años tenga que tomar semejante decisión? Bueno, eso si llego a cumplirlos, porque alrededor de los dieciséis, o como mucho a los diecisiete, tendré la batalla de mi vida. “La Luz”, lo llaman. Consiste en que los dos clanes cojan a un adolescente de cada bando y los hagan competir entre sí con sus hechizos. ¿Y para qué? Las batallas duran alrededor de cinco años. En esos cinco años se numeran los muertos de cada clan y el último año –que es este– el que tenga el mayor número de muertos, tiene que irse al olvido durante otros cinco años. Una estupidez. Eso es lo que me parece a mí. Nuestro clan lleva un total de 38 bajas y ellos un total de 72. Entre las de nuestro clan se hallan mis dos primos. Los padres de mis primos pensaban igual que yo y se exiliaron, se escondieron para vivir una vida normal, pero los encontraron y sus dos hijos murieron en la batalla sin tener experiencia alguna.

Yo estoy muerta de miedo. Mi año es este o el siguiente, y siento que no voy a salir de esa sala y que no veré como crezco, y esa es la peor sensación, que tu destino esté escrito en algún lugar remoto del mundo, y que no puedas hacer nada para cambiarlo. Mi hermano mayor, que ahora tiene 22 años, pasó por la batalla, y ganó. En honor a él nuestros orgullosos padres hicieron una fiesta y le regalaron una casa en Venecia para vivir con su novia. Sin embargo, los padres del difunto no pueden hacer nada. Aún así, normalmente no suele haber deseos de venganza. Mi hermano acudió al funeral con algunos agentes, ya que aunque no haya rencor, seguimos en guerra, y a pesar de que se haya encontrado la manera de no destruir el mundo con una batalla a lo grande, es decir, con la batalla de La Luz, sigue habiendo unos cuantos rebeldes del otro clan que nos quieren ver muertos. Claro que los contrincantes del otro clan solo son chicos.

Mi padre tuvo la suerte de no combatir porque era de un rango muy, muy, muy bajo. Yo desearía ser como él, pero es imposible, ya que mi madre es la hechicera número dos de la Junta de los Siete, algo parecido a la alta nobleza. Cuando mis padres se prometieron, mi abuela –la madre de mi madre– no lo aprobó por el motivo de pertenecer a distintos rangos y todo eso, pero ellos se casaron igualmente.

Yo me siento como si estuviera encerrada en una habitación en la que solo hay una puerta, que solo se abre por el otro lado y que los del otro lado solo abren cuando les da la gana. Tienes miedo de lo que puedas encontrar al otro lado, pero tienes ganas de salir de ahí. Con vida.

No quiero morir. Las chicas de mi edad de la Junta de Europa están ansiosas de que pase, porque quieren lucirse con su magia y porque, además, ese día puedes llevar un nuevo vestido de gala para que aún sea más especial. Dicen que es cuestión de orgullo y de dignidad, pero yo prefiero tragarme mi orgullo y no tener dignidad, a morir o a matar a un completo desconocido.

Pero, vamos, las cosas a su tiempo.

martes, 14 de junio de 2011

Capítulo Uno

¿Sabes si alguna vez has querido ser especial, cuando veías que los demás tenían algo que a ti te faltaba, que lo necesitabas para sentirte bien? Pues a mí nunca me ha pasado. Quiero ser normal, porque no lo soy, soy esa persona especial, bueno, supongo que la palabra exacta es que soy un “bicho raro”. Tampoco es que me sienta superior a vosotros, pero sé que nunca seré como vosotros por mucho que lo desee. Ese es mi destino. No ser normal.

Os preguntaréis por qué no soy normal. Os explicaré todas las razones que se me ocurran al paso. Para empezar, vosotros usáis los cinco sentidos; yo uso el sexto, que es la llamada intuición, pero no es una intuición lo que yo siento, es una certeza. Os pondré un ejemplo: vas caminando por la calle y en un momento dado te dices: “Tengo la intuición de que si cojo el camino de la izquierda va a pasar algo”. Y te encaminas por el de la derecha. Pues yo sé qué es lo que va a pasar, lo veo como un sueño, como si viera el futuro, pero menos peligroso. Luego, vosotros usáis el 10% del cerebro; yo uso el 50%, por lo que puedo leer el pensamiento de la gente en el momento que quiera y a la persona que quiera, pero eso solo puedo hacerlo tras un largo entrenamiento. Ah, y también sé bloquear mi mente para que nadie pueda hacer lo que yo hago conmigo. Y sí, hay más gente como yo, estamos por todo el mundo. A lo mejor alguno de tus amigos es como yo. ¡Pero bueno!, ¡si todavía no sabéis qué es lo que soy!

Soy una especie de bruja. Una hechicera del siglo XXI. Y eso quiere decir que ni tengo una verruga, ni un sombrero de esos que no me gustan nada, y que tampoco tengo un gato.

Mi madre es una de las hechiceras de la Junta de los Siete, lo que implica que es una de las hechiceras más poderosas del momento. En cambio, mi padre era, y sigue siendo, un simple profesor de historia en un instituto normal, y al mismo tiempo es también un profesor de historia de la magia y de la brujería” para alumnos muy exclusivos: solo yo.

En todo el mundo hay dos clanes de hechiceros, y luego están los que no pertenecen a ningún grupo, pero esos son neutrales. Uno de los clanes es el nuestro, en el que tanto mujeres como hombres somos iguales, y luego está el otro, el exclusivamente masculino, en el que las mujeres solo sirven para cocinar, limpiar y hacer el resto de tareas, también para tener hijos, educarlos, y para compartir marido con otras mujeres. En fin, un clan muy machista y chapado a la antigua. Yo siento pena por los hijos de los miembros de ese clan en nuestra época, sobre todo por las chicas, no podría soportar estar en su lugar. Los dos clanes estamos metidos en una guerra desde hace más de 10.000 años de la que ni yo sé el motivo, pero eso ya os lo explicare más adelante.

Me llamo Kate, tengo dieciséis años y vivo a las afueras de Londres en una casa de dos pisos y sótano en un acogedor vecindario. Vivo con mis padres y mi perro. Mi madre se llama Maria y mi padre John. Mido un metro setenta y pico, tengo el pelo moreno y los ojos verdes, color bambú (heredados de mi madre), y una nariz ancha que a mí no me gusta nada (heredada de mi padre). Mis mejillas normalmente están sonrojadas, bien sea por el frío, por el calor, o por la vergüenza que me hacen pasar mis padres a veces. Estudio cuarto de la E.S.O. en un instituto de Londres en el que no se lleva uniforme (probablemente sea el único). Como os he dicho antes, uso el 50% de mi cerebro, y eso me hace parecer más inteligente de lo normal, por lo que voy a todas las clases avanzadas posibles, obligada por mis profesores y por mis padres.

Mi mejor amiga se llama Bethany y tiene la misma edad que yo. Vamos al mismo instituto, pero a distintas clases, porque la pobre no clava una. Pero es una persona maravillosa, una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Es muy graciosa, algo extrovertida y tímida a la vez, y muy generosa. Para rematar, es rubia, tiene los ojos azules y un tipo que algunas matarían por tener, y, sobre todo, tiene un ojo impresionante con la moda. Trabaja en sus horas libres para una marca muy conocida de ropa, como ayudante en algún puesto importante que no recuerdo. Sus padres están divorciados y vive solo con su padre, dos calles más allá de la mía. Nunca le he leído la mente... intencionadamente. Cuando era pequeña y aún no sabía cómo controlarlo, le que quería cortar con uno de sus seis novios para regalármelo a mí. ¡Solo teníamos siete años! Pero me lo regaló.